Ya soy abuela, pero no puedo olvidar la mia, aunque murió hace más de 40 años. Por más que he tratado de imitarla, siempre me parece que no la alcanzó.
Hija de mambí, pero jugaba conmgo como una adolescente. Pasó Las pruebas de LPV cuando ya tenía 70 años y subió la soga; jugaba conmigo a la ¨tabla de maní picado¨ y cuando nos escondíamos, por la saltaba por la ventana de la cocina para entrar primera a la base, mientras me empujaba para que la alcanzara. Se sentaba conmigo sobre los gajos de la mata de naranja cajel y mientras comíamos la fruta, hacía con los hollejos libritos y me contaba cuentos de Quevedo.
Durante la Crisis de Octubre se unió con la FMC a una brigada sanitaria. Cuando regresé de la recogida del café en Oriente, llegamos al Cristino Naranjo a las 4 de la mañana, el círculo estaba en silencio y vacío, pero allí había una sola personita esperándome, mi abuela. Cuando estuve de práctica docente en Jovellanos, ella fue conmigo para ayudar en la enfermería, porque no había quien lo hiciera, y los fines de semana siempre regresaba de La Habana cargada de papas rellenas y otras chucherías para todos los compañeros. Nunca permitió que llorara por algo, y si tenía hasta que ir a buscarme al novio porque habíamos peleado, lo hacía.
Cuando nacieron mis hijos, siguió luchando con ellos como lo hizo conmigo. Me enseñó a cocinar ahorrando hasta el agua, me apoyó en todas mis locuras sin cuestionar nada, como una madre, y a todos decía: ¨ esta es mi nieta , tan linda, tan inteligente ¨,con tanto orgullo, que me hacía sonrosar. Sólo la muerte pudo alejarla del gran cariño que me brindaba.
Gracias abuela por tu amor incondicional, creo que nadie me amó tanto en la vida como tú . Y por mucho que trato de honrarla amando a mis nietos, nunca la alcanzo