jueves, 28 de mayo de 2026

El daño que Marcos Rubio le hace al gobierno de Estados Unidos en las relaciones con Cuba.

La imposibilidad de las quince administraciones norteamericanas, que no han podido acabar con la Revolución cubana a pesar de haber utilizado contra ella todos los medios posibles, se debe a su desconocimiento del cubano. El actual presidente se pregunta: ¿Cómo es que Cuba no ha colapsado? Por la misma causa, su prepotencia imperial, su racismo y su xenofobia le impiden tener una representación genuina de la idiosincrasia del cubano. El actual secretario de Estado, que se dice cubano americano, no conoce al cubano y sólo representa a un grupúsculo que se ha enriquecido en Miami con la política de confrontación, mantenida de forma fallida, todo este tiempo.

No es el comunismo, no es la ideología, simplemente el cubano no acepta humillación de nadie. Los que han emigrado a ese país -y para ello le dicen lo que los yanquis quieren oír- lo han hecho por una razón muy simple, quieren recibir los benéficos de vivir en un país desarrollado, sin pasar el trabajo que cuesta lograrlo. Nada tonto. Tonto son los que le han dado todas las facilidades para hacerlo, creyendo, supuestamente, que con eso dañan la imagen de Cuba. Los emigrados juegan con ese roll y en cuanto pueden están en Varadero gozando del sabor criollo.

La idiosincrasia del cubano, ese ajiaco de culturas que en cruentas guerras se fundió en la nacionalidad, debe respetarse, estudiarse, entenderse si se quiere dialogar con Cuba, su seudo cultura de cowboy de películas, no alcanza a hacerlo. No somos mejores, ni peores que nadie, simplemente somos así. Quizás los cuatro siglos de esclavitud bajo la colonización de España nos hicieron rebeldes; quizás la seudo republica nos enseño la falsedad de la democracia liberal; o tal vez, fue que la Revolución nos dio saberes cosmopolitas, pero los yanquis de mierda, aquí no engañan a nadie

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