Fuiste tan sabio que supiste hasta cuando debías morir. Te fuiste cuando era inminente que debería desaparecer el sueño que nos hiciste vivir. Aunque todos te decían que no podrías mantener a Cuba dentro de una burbuja social, en un mundo hostil y violento donde la ferocidad del mercado y del dólar se imponían, no les hiciste caso.
Querías que los cubanos supieran lo que es vivir como seres humanos, sin miedo al hambre, a la falta de un techo, que tuvieran acceso a las playas y al resto de las maravillas que nos regala la naturaleza, que supieran leer y escribir, que tuvieran camino a escuelas de excelencia, a las universidades; que sus hijos no murieran antes de crecer, que no fallecieran de enfermedades curables, que poseyeran libre acceso a medicinas y hospitales sin tener le comprar la cédula a un politiquero, que pudieran disfrutar y brillar dentro de un deporte sano, que se maravillaran con los logros de la cultura del hombre. Gracias por las viviendas, los museos, los teatros, gracias por llevar las carretera, las escuelas, los hospitales y la luz hasta los últimos rincones de Cuba.
Quisiste que tuviéramos un gobierno que nos representara a todos y para el bien de todos, como te enseño Martí.
La tarea de despertar del sueño, de colocarnos al nivel del mundo, de las diferencias sociales, de la miseria, se la dejaste a otros, cuando sentenciaste: ¨cambiar
todo lo que deba ser cambiado¨ Perdónanos por culparlos a ellos y no querer despertar del sueño. Gracias por haber vivido, por darnos la vida que merecíamos, gracias, gracias, gracias
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